¿Apoyarías una iniciativa?

¿Apoyarías una iniciativa que posibilite el cambio en la práctica de la arquitectura en España? Cada vez somos más arquitectos pidiendo un cambio que abra las ventanas de par en par al optimismo.
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martes, 26 de octubre de 2010

Carta abierta a todos los arquitectos






La situación de nuestra profesión en España es desesperada, con dificultades para adaptarse al cambio en un mundo que se define por estar cambiando. Los arquitectos nos empeñamos en ejercer la deriva profesional clásica aunque veamos claramente que no tenemos sitio. La profesión está totalmente sobredimensionada para las necesidades objetivas de la demanda, independientemente de los ciclos económicos, con muy poca diferenciación, con una escasa formación empresarial y sin demasiados resortes formativos que le permitan adaptarse. Está dramáticamente equivocado quien crea que los 55.000 arquitectos, 31 escuelas, y el número de nuevos arquitectos que éstas forman vivirán de la arquitectura tal y como hoy la entendemos. Nos encontramos ante una profesión que no sabe qué hacer con toda su capacidad intelectual sobrante y que no es capaz de estar correctamente dimensionada. Una de las causas es que las empresas perciben al arquitecto como un profesional no empleable, donde la norma es que jamás se contrata a un arquitecto si lo puede resolver otro profesional. Definitivamente es una profesión en un estado de coma.

Nuestra profesión está protegida por un marco regulatorio, del cual todavía no podemos prescindir, pero que es en extremo frágil e innecesario. Cualquier gobierno podrá decretar la abolición del visado.  Así se nos plantea la principal pregunta, ¿por qué nos preocupa tanto que se visen los proyectos? Nos resistimos a creer que la respuesta sea por mantener los puestos de trabajo de las estructuras colegiales o su mera existencia, como no creemos que sea únicamente para llevar el control administrativo de proyectos. Nuestra opinión es que nos preocupa que se visen los proyectos por otra causa más grave, y así afirmamos que si no hay visado quien corre riesgo es la propia profesión de arquitecto generalista tal y como tradicionalmente la entendemos. Afirmamos que vivimos por ley y no por utilidad. Y esto no puede continuar siendo así de ningún modo. Si no existiese la L.O.E. como columna vertebral de la definición de las funciones y responsabilidades de los agentes de la edificación, y no existiese la piel del visado y con ella los Colegios simplemente no existiría nuestra profesión de arquitectos tal y como hoy es concebida.

Quienes nos decidimos y se deciden a estudiar arquitectura éramos y son buenos con magníficos expedientes académicos preuniversitarios. Eran y son muchas nuestras capacidades que pusimos en manos de las Escuelas para que nos formaran. ¿Por qué hay tanto paro en nuestra profesión? ¿Por qué apenas hay arquitectos como directivos en las empresas? ¿Por qué hay tanto intrusismo en nuestra práctica profesional? ¿Por qué no realizamos todos los trabajos que nos corresponden? ¿Por qué un arquitecto no puede ser más eficiente que un ingeniero? ¿Dónde lo pone? Quizás porque se desprecian o se desconocen otras derivas profesionales. ¿O solamente somos arquitectos por ley y porque nos defiende el Estado? ¡Qué inaceptable derroche de talento!

Así están las cosas, tenemos tres opciones: cambiamos, nos cambian, o simplemente desaparecemos. Surgen las preguntas que todo arquitecto debe hacerse: ¿qué modelo defendemos los arquitectos para el futuro? ¿Seguir siendo arquitectos generalistas? ¿Esperar siempre que haya una ley que nos proteja? ¿Resistir? ¿A qué? ¿No será que lo que ocurre es que no queremos cambiar, o nos da miedo cambiar?

Nosotros damos la cara por la arquitectura y defendemos una nueva y transformada formación del arquitecto, que capacite en el más amplio sentido de la palabra, que amplíe los horizontes profesionales de los arquitectos, con visión abierta hacia todas las posibles derivas profesionales dentro de nuestro sector, y segundo, que posibilite que se produzca un cambio en la visión que la sociedad, y en especial las empresas, tienen de nosotros. Hay vida fuera de la práctica profesional clásica. Hoy es el momento de prepararse para el futuro. Y hacernos fuertes para conquistar el espacio que otros nos han ocupado por desidia de nuestra profesión en nuestro sector económico de la Edificación, donde somos los únicos titulados superiores, y no queremos seguir siendo simples técnicos escondidos en nuestra burbuja, dejando que otros profesionales, incluso de otros sectores, ocupen puestos que deberían ser nuestros. Colonizar nuestro sector sí, y por qué no, ocupar otros. Es necesario que veamos a los arquitectos trabajando en empresas o incluso dirigiéndolas.

Nosotros damos la cara por la arquitectura y queremos una profesión, también la clásica, enfocada en la generación de valor, que con el tiempo llegue a ser útil no obligatoria. Queremos una profesión diferenciada, donde haya generalistas y especialistas, donde seamos nuestros propios proveedores, con personalidad propia, donde exista una relación con los conocimientos empresariales adecuada sin cambiar nuestra naturaleza. Creemos que la dignidad del arquitecto reside en hacer bien su trabajo, en hacerlo de manera honesta y no en ser mejor o peor arquitecto según una escala especuladora, subjetiva e injusta. Queremos organizaciones colegiales que sirvan a todos los arquitectos independientemente de la deriva profesional que desempeñen. Organizaciones bien diseñadas, con estrategias sostenibles y financieramente solventes. Organizaciones a las que los arquitectos quieran pertenecen y que sean respetadas.

Nosotros damos la cara por la arquitectura e imaginamos una profesión de arquitecto digna, formada, valiente, responsable, equilibrada, respetable y respetada, querida, necesaria y justa y para que esto pueda ocurrir hay que resolver los problemas estructurales que tenemos y que podemos resumir en: superpoblación, formación universitaria deficiente y post-universitaria inexistente, indeferenciación, poca versatilidad para otras derivas profesionales lo que hace que nuestra “empleabilidad” sea "mejorable", estar en posesión del dogma arquitectónico, y una política de comunicación inexistente. Debemos realizar un esfuerzo por volver a reconsiderar todo lo que tiene que ver con la práctica de la arquitectura. Con especial atención en la formación continuada del arquitecto durante toda su vida profesional. Nos debemos replantear los colegios superando el visado obligatorio, sin renunciar a nuestros derechos y redefinir nuestro nuevo modelo de organización y su financiación.

No, no queremos resistir, queremos combatir y queremos cambiar. Cambiar el rumbo y dirigirnos hacia una nueva manera de entender una profesión que es la nuestra, la que nos ha tocado vivir, que es distinta a otras del pasado y que no es otra que la profesión de arquitecto en la primera mitad del siglo XXI. 



¿Quieres cambiar y adaptarte con 
nosotros?


¡Sí, yo doy la cara por la arquitectura!
   



Esta iniciativa nace en un espacio de opinión en una red social (Linked In), dentro del grupo bsA [Rethinking Architecture], donde estamos más de 200 arquitectos, con diferentes sensibilidades, edades, puntos de vista y derivas profesionales, pero a todos nos une un profundo amor, respeto y preocupación por nuestra profesión de arquitectos, en minúscula, humilde, lejos de la ampulosa y poco cercana Arquitectura, propiedad de divos mediáticos con nuestra misma titulación en los que poco o nada nos sentimos reflejados. Compartiendo espacio virtual y circulando nuestras opiniones en este marco tan acorde con los tiempos surge la idea de escribir esta carta abierta dirigida a nuestros compañeros de profesión. Quienes firmamos somos arquitectos unidos por la convicción de que debemos acometerse cambios profundos en nuestra profesión. Nuestro deseo de transformación es anterior a esta crisis, anterior a la Ley Omnibus, anterior al decreto del visado, anterior al actual estado de pánico en el que nos hallamos instalados, esperando que la salvación llegue de fuera a modo de recuperación económica que permita volver a situaciones pasadas que no volverán.